27 Feb Seis años después
Hola querida lectora,
¿Cómo estás?
Yo llevo unos días especialmente sensible con todo lo que se está moviendo… quizá también porque se acerca una fecha que para mí siempre es especial.
Carta Blanca nació un 29 de febrero y siempre me ha parecido significativo que lo hiciera en un día que solo aparece cada cuatro años. Es una fecha que no existe todos los años, que aparece y desaparece, y quizá eso ya decía algo sobre el tipo de camino que Sergi y yo estábamos a punto de empezar. No sabiamos exactamente en qué se convertiría, pero sí tenía claro desde el principio qué quería sostener: procesos honestos, reales, sin artificio.
Este 2026 no hay 29 de febrero y, sin embargo, se cumplen seis años desde que abrimos la puerta por primera vez. Seis años que, cuando los miro con perspectiva, contienen muchísimo más de lo que imaginaba entonces.
Venía de una vida, en lo personal y en lo profesional, completamente distinta. Desde fuera mi recorrido parecía claro y coherente, pero por dentro sentía tristeza y un vacío difícil de explicar. La astrología empezó casi sin darme cuenta —como suelen hacerlo las cosas importantes— a ocupar cada vez más espacio. No como una afición paralela, sino como una forma distinta de entender la vida y de acompañar a otros.
No fue un giro impulsivo ni una decisión repentina; fue más bien un proceso de rendición. Aceptar que había algo que pedía paso aunque implicara dejar atrás una versión de mí que hasta entonces me había dado identidad, estatus y seguridad. Y no fue fácil. Había una voz interna que cuestionaba absolutamente cada paso.
En ese tránsito murió una manera de estar en el mundo y empezó a tomar forma la mujer que soy hoy. Y, de forma sincrónica, se dio el espacio. Además, estaba en el mismo barrio en el que crecí, un barrio que durante mi adolescencia me dio bastante vergüenza compartir porque no era bonito ni sofisticado y porque muchas de mis amigas vivían en lugares que yo consideraba “mejores”. Abrir Carta Blanca allí, sin haberlo buscado, terminó siendo profundamente sanador, una forma de reconciliarme con esa parte de mi historia y de hacer las paces con aquella adolescente que sentía que no era suficiente.
No han sido años fáciles. Inauguramos y poco después llegó el confinamiento. Más tarde, mi maternidad transformó por completo mis tiempos, mi energía y mis prioridades. He tenido que aprender a sostener un proyecto propio mientras sostenía también una vida nueva, y eso ha supuesto reajustes constantes. Ha habido orgullo y gratitud por lo construido, por cada persona que ha confiado y ha entrado por la puerta, pero también ha habido miedo. Porque apostar por algo así no es solo simbólico: implica inversión real, decisiones importantes y una responsabilidad que pesa. Hay momentos de vértigo, y creo que también forman parte del camino.
Y, aun así, aquí estamos.
Con el tiempo, Carta Blanca ha ido creciendo y en los últimos meses ha tomado una forma más amplia y rural manifestada en la Sala Èter. Este espacio permite que el proyecto respire más allá de las consultas individuales y se abra también a encuentros, retiros y experiencias compartidas. Las próximas actividades que ya están en marcha forman parte de esta nueva etapa y me ilusiona imaginar cómo irán encontrando su lugar y a las personas que las necesiten.
Y hoy, seis años después, casi como si el tiempo quisiera subrayar este punto de inflexión, el 27 de febrero a las 14:01 inauguramos la BAM Station.
La fecha no es casual. Está elegida con intención. Ya sabes que la deformación profesional obliga.
No lo siento como un cambio brusco, sino como una expansión natural de lo que Carta Blanca ya es. Diganos que ahora el acompañamiento se amplia, tanto la Sala Èter como la BAM representan esa evolución en la que conviven la consulta astrológica, los retiros y el acompañamiento al cuerpo, una manera de integrar lo sutil y lo físico en un mismo espacio, ampliando sin perder la esencia. Si sientes curiosidad por esta nueva forma que toma el espacio, estás invitada. La BAM es de esas cosas que cuesta describir; se entiende mejor cuando una la experimenta por dentro.
Y al mirar todo esto junto —lo que fue, lo que es y lo que empieza ahora— no puedo evitar pensar en la Mar que abrió aquella puerta por primera vez.
Si pudiera hablar con mi versión de hace seis años, le diría que no todo sería sencillo, que habría momentos de duda y de cansancio, pero también le diría que escuchar esa llamada fue necesario. Que la coherencia no siempre es cómoda, pero tiene una fuerza transformadora que compensa el miedo.
Este aniversario es, para mí, una pausa para mirar el recorrido con honestidad y asumir con responsabilidad lo que viene.
Te cuento todo esto no solo como memoria personal, sino por si tú también estás en un momento en el que algo dentro se está moviendo y no sabes muy bien qué hacer con ello. Si mi historia te sirve de pequeña referencia, si te da un poco de valentía para iniciar tu propio camino a pesar del miedo o del qué dirán, entonces ya habrá tenido sentido compartirla.
Agradezco la oportunidad de haberme atrevido. Y te agradezco a ti, porque sin personas al otro lado nada de esto tendría sentido.
Si has estado en algún momento de estos seis años, me encantará que me escribas y me cuentes cuándo llegaste o qué recuerdas de tu primer encuentro con Carta Blanca. A veces, desde dentro, una pierde la perspectiva de todo lo que se ha tejido.
GRACIAS por estar.
Abrazo de más de ocho segundos,
Mar 🌙